Evaluación del Lugar de Trabajo
Los funcionarios de una empresa son los principales responsables de la calidad de trabajo y utilidades financieras en la compañía. Para que ellos puedan realizar sus funciones eficientemente es necesario que se encuentren satisfechos con su trabajo y la calidad de lo que hacen. Además, que tengan el deseo de continuar en la corporación en un futuro, de tal manera que la inversión que la empresa realiza capacitándoles pueda rendir sus frutos.
La Auditoria permite a los ejecutivos, con la ayuda de la Pirámide de Satisfacción trabajar en los factores que más incrementan las ganancias de la empresa. Al mismo tiempo, disminuyen la inversión en personal luego de aplicar las conclusiones de la investigación y diseñar un programa de trabajo basado en empelados satisfechos y dispuestos a ayudar a la empresa.
Objetivos
Los objetivos de la Evaluación del Lugar de Trabajo se acoplan a las necesidades de cada empresa en la que se desarrolla la investigación.
- Evaluar la satisfacción de los funcionarios con su empleo y el esfuerzo que ellos consideran están haciendo por mejorar su eficiencia en el trabajo.
- Conocer los factores que más impactan la satisfacción de un empleado con su trabajo.
- Conocer el nivel de deseo de permanencia en la empresa y factores que más impactan en la satisfacción de personal para disminuir la rotación de personal.
- Obtener variables que permitan a los ejecutivos de la empresa diseñar un plan de acción con miras a incrementar la productividad del trabajador y disminuir la rotación de personal.
Sesiones de grupo
Un método desarrollado recientemente para recolectar ideas e información valiosa son las sesiones de grupo.
En una sesión de grupo un pequeño número de individuos es reunido para conversar acerca de algún tema de interés para alguna compañía, institución o persona. La reunión, que dura aproximadamente una hora, es dirigida por un moderador el cual asegura que en la sesión se discutan los temas deseados y que se formen discusiones acerca de las ideas planteadas por los participantes.
La sesión de grupo es actualmente una de las técnicas más utilizadas en las investigaciones de mercado.
Ha probado ser sumamente productiva al:
1. Generar hipótesis que luego pueden ser probadas cuantitativamente.
2. Generar información que ayude a estructurar eficientemente los cuestionarios al consumidor.
3. Proveer información general para la categoría de un producto.
4. Descubrir las impresiones y el concepto sobre un producto o servicio nuevo.
En las sesiones de grupo participan de ocho a doce miembros. Esta es la cantidad ideal de participantes porque si se reducen aumenta la posibilidad que el grupo sea dominado por algún participante y si son más suele suceder que pierden la atención.
Los miembros de la sesión de grupo son seleccionados para que cada sesión sea compuesta por un grupo homogéneo. Un grupo es homogéneo cuando los participantes no tienen grandes diferencias de nivel educativo, socioeconómicas, y políticas. Esta homogeneidad lleva a que los participantes actúen de una manera más desinhibida y así aporten información más valiosa. Además, los participantes cumplen con una o varias características predefinidas por el cliente.
Con las sesiones de grupo la empresa contratante del servicio tiene la certeza que está recogiendo una amplia gama de información entre sus clientes. Debido a que cada grupo es bastante homogéneo, el objetivo se logra llevando a cabo varias sesiones con diferentes tipos de participantes.
Una investigación normalmente consta de 4 a 8 sesiones, así se asegura que las opiniones de los principales tipos de consumidores sean tomadas en cuenta.
Objetivos y aplicación: La utilización de las sesiones de grupo ha probado tener una gran ventaja. Esta es que las ideas fluyen espontáneamente durante las sesiones. La opinión de uno de los participantes genera toda una discusión entre el grupo. Rápidamente los participantes se ambientan y así le brindan información objetiva y útil al interesado. Esto sucede porque las personas se sienten más cómodas en este ambiente de grupo pequeño y homogéneo que si fueran entrevistadas individualmente.
Las principales aplicaciones de las sesiones de grupo son:
- Generación de hipótesis que más adelante se evaluarán de manera cuantitativa.
- Desarrollo de nuevas ideas para un producto o su introducción en el mercado.
- Generación de información para preparar estudios cuantitativos.
- Profundización en los motivos, razones y actitudes que determinan las acciones de los consumidores. Evaluación de conceptos y evaluación publicitaria.
Perfeccionar las Relaciones Humanas, ¿Por qué? ¿Para qué?
El sino del ser humano es vivir en sociedad. Y allí su requerimiento máximo es el de disfrutar de relaciones humanas armónicas. En efecto, todo el mundo sabe muy bien de lo satisfactorio y placentero que es el disfrutar de buenas relaciones humanas y de la tragedia que significa el no tenerlas.
El tan inquietante y comentado "stress" (tensión) en los seres humanos es prácticamente siempre producto de experiencias de relaciones humanas insatisfactorias o del riesgo de que así ocurra. Es decir, malas relaciones humanas implican una amenaza claramente comprobada de problemas de salud tanto mental como orgánica. No es necesario ser un experto para saber como afectan a las personas los conflictos conyugales, las problemáticas familiares (relaciones padres-hijos, relaciones entre hermanos, crisis de adolescencia, etc.) o las relaciones humanas insatisfactorias en el trabajo. En efecto, es bien conocido el que las llamadas enfermedades psicosomáticas (colon irritable, asma, alergias, hipertensión, etc.) son consecuencias directas de la tensión. También, que la tensión acelera la arteriosclerosis, que afecta las funciones sexuales al alterar el balance de las hormonas respectivas, y así sucesivamente. También hay consenso entre los especialistas que el cáncer tiene como factor destacado a la tensión. Y por su parte los trastornos mentales funcionales (neurosis, inhibiciones, psicosis funcionales) dependen esencialmente de las problemáticas en relaciones humanas. Incluso, el fracaso en los estudios, descartando el factor capacidad intelectual, deriva en la mayoría de los casos de relaciones humanas perturbadas del estudiante con sus familiares o con sus profesores.
En suma, para tener una vida feliz es requisito indispensable el gozar de buenas relaciones humanas. Por otra parte la eficiencia y productividad en empresas e instituciones diversas (clubes deportivos, instituciones vecinales, etc.) tienen como factor de primera importancia la constitución de equipos de trabajo que tengan buenas relaciones humanas.
Porque en ambientes conflictivos y con discordias en que predominan los antagonismos, resentimientos y desconfianza sucede precisamente lo contrario. Lo que impulsa cada vez más a ejecutivos y directivos tanto a aplicarse en propia capacitación en relaciones humanas, como a la puesta en práctica de programas destinados a mejorar el respectivo clima organizacional. En el deseo de aportar los conocimientos que permitan abordar con éxito estas distintas problemáticas, ofrecemos el material que se encuentra en este espacio virtual y, además, servicios de consultoría y asesoría individual, conjuntamente con cursos en la modalidad de educación a distancia. La Comunicación También Es Un Recurso De La Empresa
Comencemos por reconocer que en toda organización existe comunicación aunque no haya un departamento de comunicaciones. Entonces, ¿por qué ocuparse de algo que siempre funcionó sin que nadie moviera un dedo? Dígame con franqueza, ¿no cree que la empresa ya tiene demasiadas preocupaciones como para sumarle una nueva? Además de tener que pensar en cómo aumentar la productividad, ganar nuevos mercados y lograr convenios con los sindicatos... ¿ahora le pide que también dedique tiempo y esfuerzo a algo tan "inmaterial" como la comunicación? Espere un segundo, no se precipite. Vayamos paso a paso y veamos si podemos demostrar que trabajar en pos de una buena comunicación no es una acción contraria a los objetivos del negocio. En primer lugar, es verdad: la comunicación existe en las organizaciones por más que nadie se ocupe de ella. ¿Así de simple? No, porque precisamente esta "naturalidad" es su talón de Aquiles.
Dicho de otro modo, es obvio que si nadie se encarga del área administrativa, los pagos y los cobros no se van a hacer solos. En cambio, la comunicación, al ser una actividad espontánea y multidimensional, tiende a ignorarse. En segundo lugar, proponerle a la organización que tome las riendas de la comunicación no es agregarle un nuevo problema sino abrirle los ojos para que aproveche un recurso que siempre tuvo pero que nunca utilizó conscientemente.
Parece extraño, ¿no es cierto? Es como si de golpe uno revelara que las computadoras pueden funcionar mejor si se las enciende. No obstante, nuestra propuesta no es tan sencilla como apretar un botón, porque antes de pedirle a la empresa que “explote” alegremente los beneficios de la comunicación, es necesario dar un paso previo y demostrar que ésta también es un bien que puede y debe ser explotado. (Alguien podría preguntarse por qué se da esta "invisibilidad" de la comunicación como recurso.
Permítame ensayar una respuesta poética y decir que tal vez sea por el mismo motivo por el que los peces no pueden pensar acerca del agua: porque es su ambiente.) Con respecto al último punto, el de la "inmaterialidad" de la comunicación, digamos por ahora que la prohibición de Parménides de pensar la nada no se aplica en este caso. Que algo sea intangible no significa que no sea real. En suma, el problema de la "naturalidad" de la comunicación y de su "invisibilidad" como recurso, son dos aspectos que, después de todo, no son más que uno. Por consiguiente, de lo que se trata no es de abandonarse a la pura contemplación estética de la interacción humana ni mucho menos aplicar una concepción espontaneísta o innatista de la comunicación. Por el contrario, la alternativa es proponer una intervención basada en la acción y no en la omisión, y alertar que el acto de comunicar entraña dificultades y demanda esfuerzo, idoneidad y coherencia.
Espere, no cante victoria... ¿usted cree que lo que acabamos de decir es suficiente? Le agradezco su fe, pero lamento decepcionarlo: la mayoría de las empresas están convencidas de que se comunican correctamente y de que la comunicación interna no es más que una "moda" importada del Primer Mundo. Más allá del prêt-à-porter, planificar la comunicación no es desnaturalizar una práctica ni ponerle una camisa de fuerza a la interacción humana. Tal vez sobrevuele la idea, grosso modo, de que el fin es "cerrar bocas", limitar lo "decible" y, por consiguiente, lo "pensable". Muy por el contrario, el objetivo es generar más y mejor interacción entre los participantes de la organización, ya que en la mayoría de los casos el sector de Finanzas no tiene ni idea de lo que hace el área de Producción, nadie puede hablar con los directivos, no se conoce cuáles son los objetivos para el año próximo, etcétera. Por todo esto, vale recordar que no se llega a conformar una organización por el simple hecho de trabajar en una misma compañía o bajo un mismo techo. Dijimos que la esencia de la organización era la comunicación (como el “agua” para el “pez”); agreguemos ahora que de ésta se desprende –siguiendo su raíz etimológica– los conceptos de "común" y de "comunidad". Ahora bien, como advierte John Dewey en su libro Democracia y educación, las personas pueden trabajar por un mismo fin, como las partes de una máquina, sin por eso llegar a constituir una comunidad.
La clave para lograrlo es reconocer ese fin común y regular la actividad específica en vista de él. Sin duda, esto supone comunicación. Por eso nuestro autor concluye que cada persona debe conocer lo que conocen los demás y además poseer algún medio para mantenerlos informados respecto a sus propios propósitos y progresos. Abro un interrogante: ¿En nuestra empresa trabajamos en comunidad? Voy a ser más específico: La comunicación que diariamente alimenta nuestra organización, ¿nos “pone en común”?, ¿está siendo verdaderamente aprovechada como “recurso”?
Para finalizar, quisiera señalar que uno de los objetivos estratégicos que cumple la comunicación es el de aumentar la productividad, ya sea eliminando los dobles procesos, asegurando el envío de información en tiempo y forma o, por ejemplo, mejorando el clima interno. No obstante, por primera vez en la historia la cultura occidental está produciendo más información de la que el “ser humano” puede “humanamente” consumir. Día tras día se teje una densa red de signos que nos deja atrapados sin la posibilidad de interpretarlos ni reelaborarlos.
Tal vez la paradoja no sea más que una estrategia de los medios masivos –y de hecho lo es–, pero lo cierto es que el exceso de información nos desinforma. ¿Por qué me detengo en este análisis? Porque a partir de la estimulante e imprecisa receta positivista “más comunicación = más productividad”, muchas empresas caen víctimas de la paradoja que mencionamos anteriormente: “más comunicación = menos productividad”.
Saquemos algunas cuentas. Diariamente, un empleado promedio puede recibir: 20 correos electrónicos 1 carta 4 faxes 5 post-it (se los dejaron pegados en el monitor cuando se fue a almorzar) 30 llamados telefónicos 6 mensajes en su buzón de voz (se los dejaron grabados mientras atendía los otros 30 llamados) Además, 8 personas se le acercaron personalmente para hacerle una consulta y estuvo 45 minutos reunido con su jefe debatiendo sobre la “Inmortalidad del cangrejo del Mar Caspio”
Después de hacer todo esto, ¿cuánto tiempo le quedó para trabajar? Sí, sí, ya sé que si estoy pregonando las ventajas de una organización comunicativa no puedo ahora alarmarme por el hecho de que la gente se comunique mucho. Pero justamente ese es el error más frecuente: creer que más comunicación significa automáticamente mejores resultados.
En todo caso, la pregunta clave de este proceso gira en torno al valor de lo que se comunica. Volviendo a nuestro ejemplo anterior, quizá a esa persona le dijeron cincuenta veces las mismas cosas pero nunca le brindaron la información que realmente necesitaba o nunca le permitieron opinar sobre aquello que le decían.
En resumen, la empresa no puede decidir si hace o no hace comunicación interna. Siempre, y mal que le pese, estará comunicando. Por lo tanto, debe abandonar la mirada “naturalista” de la comunicación y trabajar activamente en la elaboración de una política y de un plan que le permita aprovecharla para obtener más y mejores resultados. Esta revalorización irá indefectiblemente de la mano del redescubrimiento de la comunicación como recurso y bien estratégico. No obstante, será necesario no saturar las arterias de la organización con litros de comunicación de escaso valor ni acotarla a simples envíos de información unidireccional. Ya se lo había dicho: el acto de comunicar entraña dificultades y demanda esfuerzo, idoneidad y coherencia.
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Investigación desarrollada y enviada por:
Javier Fajardo fajardojavier@yahoo.com
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